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Agua estancada: uno de los riesgos más subestimados en la atención sanitaria
En los centros sanitarios, el riesgo no siempre llega con una sirena. Con mayor frecuencia, se desarrolla de forma silenciosa, dentro de sistemas que parecen funcionar normalmente mientras se alejan gradualmente de las condiciones para las que fueron diseñados. Pocos problemas ilustran esto mejor que el estancamiento en los sistemas de agua potable.
Este artículo muestra cómo el estancamiento del agua compromete habitualmente la seguridad en los complejos centros sanitarios, transformando las tuberías diseñadas en hábitats biológicos. Ofrece una visión integral de los riesgos en el suministro y el drenaje, proporcionando una estrategia práctica y estratificada para pasar del mero cumplimiento normativo a la resiliencia operativa.
El agua en circulación como requisito previo para la seguridad
En el entorno sanitario, el agua se asocia de forma casi instintiva con la limpieza y la seguridad. Es el medio para la higiene de manos, el lavado de pacientes, la limpieza clínica, la preparación de alimentos y un sinfín de actividades cotidianas que sustentan la asistencia.
Sin embargo, esa sensación de seguridad está vinculada a una premisa básica: que el agua está en movimiento, renovándose y manteniéndose dentro de los parámetros previstos por el diseño y la operación.
En realidad, a menudo no es así.
El agua estancada es una característica habitual en los edificios complejos
En los centros sanitarios modernos, el agua se queda estancada con regularidad. Los grifos se utilizan menos de lo esperado. Las áreas clínicas se reforman, se desalojan o cambian de uso. Hay habitaciones que pueden permanecer vacías durante días o, a veces, semanas. Algunos puntos de salida se instalan por flexibilidad, pero en la práctica apenas se usan. En esos momentos, el sistema no se limita a detenerse. Cambia. Y esos cambios raramente son inofensivos.
El estancamiento como característica de los edificios complejos
El estancamiento no es un hecho inusual. Es una característica habitual en los edificios complejos. Eso es precisamente lo que lo hace peligroso. No surge únicamente de un fallo. Emerge de las realidades operativas cotidianas: cambios en la ocupación, uso intermitente, infraestructuras heredadas, exceso de capacidad y el desajuste inevitable entre cómo se planificaron los sistemas y cómo se utilizan realmente los edificios.
A pesar de ello, el estancamiento se sigue tratando con demasiada frecuencia como una preocupación secundaria, algo que debe gestionarse mediante purgas ocasionales, en lugar de reconocerse como algo que puede aumentar sustancialmente el riesgo en los sistemas de agua sanitarios.
¿Qué ocurre cuando el agua deja de moverse?
Una de las razones por las que el estancamiento sigue estando subestimado es que a menudo se imagina como un problema derivado de un abandono prolongado. La propia expresión puede sugerir agua que no se ha tocado durante semanas. En la práctica, el proceso comienza mucho antes.
Una vez que el flujo se reduce o desaparece, las condiciones dentro del sistema empiezan a cambiar. La antigüedad del agua aumenta, las temperaturas comienzan a fluctuar y las fuerzas hidráulicas que normalmente actúan sobre las superficies internas disminuyen.
El agua estancada influye en el desarrollo y la persistencia de la biopelícula
Estos cambios no inician la formación de la biopelícula – las biopelículas son una característica natural y omnipresente de los sistemas de agua –, sino que influyen significativamente en cómo se desarrollan y persisten.
En términos prácticos, esto significa que un sistema de agua afectado por el estancamiento ya no se comporta únicamente como una red de tuberías diseñada por ingeniería. Se ha convertido, en parte, en un hábitat biológico.
Esa distinción es fundamental en el entorno sanitario. Los patógenos oportunistas como Legionella pneumophila y Pseudomonas aeruginosa no requieren fallos catastróficos del sistema. Dependen de condiciones favorables: tiempo, temperaturas adecuadas y la presencia de comunidades microbianas estables. El estancamiento puede contribuir a proporcionar esas condiciones.
Igual de importante es el hecho de que las biopelículas no permanecen estáticas. Pueden liberar microorganismos de forma intermitente hacia el agua, a menudo de manera impredecible. Esto hace que sean difíciles de detectar y aún más difíciles de controlar. Una muestra tomada en un momento puntual puede parecer tranquilizadora, mientras que el reservorio subyacente persiste dentro del sistema.
En este sentido, el estancamiento no crea las biopelículas, sino que genera las condiciones en las que estas se consolidan, se vuelven más resistentes y resultan más difíciles de gestionar.
Por qué los centros sanitarios son especialmente vulnerables
Si el estancamiento fuera únicamente el resultado de un diseño deficiente, la solución sería comparativamente sencilla. Eliminar los tramos muertos, corregir el sobredimensionamiento, mejorar el caudal y el problema estaría prácticamente resuelto. Pero el estancamiento en el sector sanitario no es solo un problema de diseño. Es operativo, organizativo y estructural.
Los hospitales son lugares dinámicos. Las plantas se abren y se cierran. Las líneas de servicio cambian. Los departamentos se amplían, se contraen, se fusionan y se trasladan. Un lavabo que se utiliza intensamente un año puede quedar prácticamente obsoleto al siguiente. Una habitación diseñada para un tipo de trayectoria asistencial del paciente puede terminar sirviendo para otra. Incluso cuando el diseño original es sólido, el uso real del edificio cambia con el tiempo, a menudo de forma significativa.
También existen realidades prácticas que los equipos de gestión de infraestructuras y de prevención de infecciones conocen muy bien: desalojos temporales, aperturas retrasadas, reformas por fases, presión estacional y la necesidad de preservar la flexibilidad en las instalaciones. Cada una de estas situaciones puede dejar partes del sistema de agua infrautilizadas.
Este no es un problema aislado. Es el funcionamiento normal de la atención sanitaria.
La antigüedad del agua, el diseño y la realidad del desajuste
El concepto de la antigüedad del agua es útil en este caso. Cuanto más tiempo permanece el agua en un sistema, mayor es el potencial de cambios en sus características, impulsados por la temperatura, los materiales, la disponibilidad de nutrientes y el comportamiento hidráulico. En edificios complejos, la antigüedad del agua puede variar significativamente entre los puntos de salida.
Aquí es donde se cruzan el diseño y la operación. Los sistemas pueden estar dimensionados para una demanda que nunca llega a materializarse, incluir capacidad para futuras ampliaciones o verse afectados por los cambios en el uso clínico. Componentes como los vasos de expansión o los extremos muertos pueden crear zonas con una renovación deficiente del agua, incluso cuando el sistema general parece funcionar adecuadamente.
Mirar más allá del grifo
Para muchos años, la conversación dominante en torno a la higiene del agua se centró en el lado del suministro: agua entrante, agua almacenada, termos eléctricos, temperaturas de distribución, puntos de salida poco utilizados, cabezales de ducha y terminales. Todo eso sigue siendo importante. Pero ya no es suficiente.
Cada vez más, la atención se dirige también hacia el lado del drenaje del sistema, y con razón.
Los desagües de los lavabos, sifones y trampas tienen una relevancia directa en el riesgo clínico
Los desagües de los lavabos, las trampas y los sifones son entornos microbiológicamente activos. Contienen humedad, nutrientes y superficies muy adecuadas para la formación de biopelículas. En los hospitales, pueden convertirse en reservorios persistentes de patógenos asociados al agua. Esto no es solo una curiosidad de laboratorio. Tiene una relevancia directa en el riesgo clínico, especialmente allí donde los lavabos están cerca de la actividad de los pacientes y de la higiene de manos.
El punto clave es que el desagüe no está separado del entorno asistencial por el simple hecho de encontrarse debajo del lavabo. Bajo las condiciones adecuadas, lo que crece allí no necesariamente se queda allí.
Esto es importante porque, históricamente, el sector sanitario se ha sentido más cómodo analizando la higiene del agua de suministro que el riesgo asociado a las aguas residuales. Sin embargo, los pacientes no experimentan esos sistemas como mundos separados. Ambos confluyen en el lavabo, la ducha, la pila y el entorno asistencial circundante. Desde la perspectiva del paciente, la distinción entre el "lado del agua limpia" y el "lado del desagüe" carece de relevancia. Lo que importa es si los microorganismos pueden desplazarse desde cualquiera de los dos lados hacia el espacio que les rodea.
Conectar la visión global del riesgo
Una vez que el estancamiento en el lado del suministro y la generación de aerosoles en el lado del drenaje se analizan en conjunto, surge una visión mucho más completa.
El estancamiento en las tuberías promueve la formación de biopelículas y la persistencia microbiana en las etapas iniciales del sistema, mientras que los puntos de salida de poco uso aumentan la antigüedad del agua y crean condiciones favorables para los patógenos oportunistas. Al mismo tiempo, los sistemas de drenaje pueden actuar como reservorios en las etapas posteriores, donde las salpicaduras o los aerosoles redistribuyen los microorganismos hacia el entorno circundante.
Estos no son problemas aislados, sino partes conectadas de un mismo sistema de agua.
En entornos clínicos de alto riesgo, esto es fundamental. Los pacientes son más vulnerables y el "cumplimiento aproximado" no es suficiente. También desafía la división tradicional entre la ingeniería y la prevención de infecciones: el estancamiento se sitúa en la intersección de ambas disciplinas, con consecuencias que afectan directamente a la seguridad de los pacientes.
De medidas aisladas a una protección estratificada
Una respuesta eficaz al estancamiento no puede depender de una sola intervención. Requiere un enfoque estratificado.
Holger Eggert, director de Gestión de Productos y Desarrollo de Negocio en Aqua free
A nivel del sistema, un buen diseño sigue siendo esencial: evitar el sobredimensionamiento y los tramos muertos, garantizar una circulación adecuada y minimizar las salpicaduras. Desde el punto de vista operativo, mantener una renovación regular del agua mediante purgas estructuradas sigue siendo una medida de control fundamental, respaldada cuando sea necesario por la monitorización o la automatización.
A nivel del punto de uso, pueden requerirse barreras adicionales. El Real Decreto 487/2022 y sus actualizaciones destacan que los filtros de agua estéril o agua mediante filtración de 0,2 µm en el punto de uso so medidas recomendables en puntos de riego aumentado, como los asociados a los pacientes de alto riesgo. De manera más amplia, los filtros de agua terminales proporcionan protección cuando se necesita una seguridad microbiológica inmediata.
También debe considerarse el lado del drenaje. Cuando las salpicaduras o la generación de aerosoles procedentes de desagües contaminados constituyan un riesgo creíble, el diseño de sifones higiénicos puede ayudar a reducir la generación de aerosoles y a limitar la contaminación del área circundante.

Juntos, la purga, la filtración y el drenaje higiénico forman una estrategia complementaria y estratificada; a menudo, la forma más práctica de gestionar el riesgo en entornos sanitarios complejos.
El factor humano en la seguridad del agua
Los documentos técnicos y las medidas de ingeniería son esenciales, pero por sí solos no mantienen el agua segura. Las personas lo hacen.
Esto se olvida a veces en las conversaciones en las que predominan las temperaturas, los caudales y los planes de muestreo. En la práctica, la seguridad del agua depende de la eficacia con la que los equipos de gestión de infraestructuras, ingeniería, prevención de infecciones, equipos clínicos y contratistas comprendan las preocupaciones de los demás y traduzcan las directrices en acciones cotidianas.
Un punto de salida poco utilizado no es solo una observación de ingeniería. Puede ser el resultado de un cambio en el flujo de trabajo clínico. Un lavabo que resulta difícil de usar sin salpicar puede estar revelando un problema de diseño. La necesidad repetida de realizar purgas manuales puede indicar un desajuste más profundo entre la distribución del sistema y la prestación real del servicio.
La seguridad del agua como un problema operativo activo
Las organizaciones que gestionan bien el estancamiento suelen ser aquellas que tratan la seguridad del agua como un problema operativo activo en lugar de como un mero trámite administrativo. No se preguntan únicamente si existe una política, sino si esa política se adapta al edificio tal y como se está utilizando realmente. Buscan puntos débiles recurrentes. Revisan cómo están cambiando los espacios. Reconocen que el riesgo del agua no es estático por el simple hecho de que las tuberías estén ocultas.
Esto resulta especialmente relevante cuando se producen los traspasos entre los equipos de proyecto y los equipos operativos. Un sistema que parece cumplir la normativa durante la puesta en marcha puede comportarse de forma muy diferente seis meses después, una vez que el espacio se ocupa de una manera menos predecible de lo previsto originalmente. Asimismo, el rediseño de una planta puede resolver un problema clínico y, al mismo tiempo, crear otro de forma involuntaria debido a la ubicación incómoda de los puntos de salida, a la alteración de los patrones de uso o a una geometría deficiente del desagüe del lavabo. Sin ese bucle de retroalimentación entre el diseño, la operación y la prevención de infecciones, el estancamiento sigue siendo algo ante lo que las personas reaccionan, en lugar de algo que anticipan.
La conclusión: del cumplimiento a la resiliencia
Durante años, gran parte del esfuerzo del sector se ha estructurado, como es lógico, en torno al cumplimiento: evaluaciones de riesgo completadas, registros actualizados, temperaturas verificadas, muestreos analizados y acciones cerradas. Nada de eso carece de importancia. Sin embargo, el cumplimiento por sí solo es una aspiración limitada.
La resiliencia es un objetivo mejor.
Un sistema de agua resiliente no es aquel que simplemente supera su próxima inspección. Es aquel que puede seguir manteniendo condiciones seguras a pesar de la evolución en el uso del edificio, las presiones de personal, las reformas, el estrés térmico, los retrasos en la ocupación y las sorpresas inevitables de la actividad sanitaria. Es un sistema diseñado teniendo en cuenta el uso real, respaldado por controles viables y revisado cuando cambian las premisas iniciales.